La urgencia del giro socioemocional en la educación: Notas sobre la oleada de violencia en la Escuela
Por: Centro de Desarrollo e Innovación Educacional – CentCap
El pasado 27 de marzo de 2026, un ataque ocurrido en Calama sacudió los cimientos de nuestras comunidades educativas, lamentando el fallecimiento de una inspectora dentro del espacio escolar. Este lamentable suceso no es un hecho aislado, sino que ha develado una profunda oleada de violencia que afecta a múltiples establecimientos escolares en nuestro país. Como espacio educativo, compartimos el dolor de las familias y la angustia de los docentes ante la vulnerabilidad a la que nos expone esta situación.
Históricamente, hemos sostenido que la escuela debe ser un lugar seguro para aprender y crecer. Sin embargo, hoy ese proyecto se siente frágil. Ante este escenario, en nuestro nuevo Zoom Educativo, reflexionamos sobre la necesidad imperiosa de transformar el paradigma actual.
El corazón del cambio: La perspectiva socioemocional
Es imperativo que los proyectos escolares dejen de centrarse exclusivamente en el rendimiento académico. La escuela contemporánea debe situar en su centro una perspectiva socioemocional.
Fomentar el aprendizaje socioemocional de manera sistemática no es un «extra» en el currículum; es una estrategia preventiva fundamental. Un proyecto escolar con un fuerte énfasis en la afectividad es, por definición, un proyecto que previene la violencia tanto dentro como fuera de las aulas.
La convivencia es un trabajo colectivo
La construcción de una buena convivencia no recae únicamente en los hombros de una dirección o de un encargado de convivencia. Es una tarea que involucra a todos los estamentos de la comunidad educativa:
- Padres y apoderados.
- Equipos directivos.
- Asistentes de la educación.
- Docentes y estudiantes.
Todos deben participar activamente en el cuidado de la convivencia, articulando una red sólida que sostenga la interacción diaria bajo un marco de respeto mutuo.
Más allá de las rejas: Un llamado a las políticas públicas
A menudo, la respuesta ante la inseguridad es aumentar las medidas físicas de protección. No obstante, la seguridad escolar no se construye con rejas más altas, sino con vínculos más fuertes.
Necesitamos con urgencia:
- Políticas públicas que profundicen el cuidado de la salud mental con financiamiento real y legislación clara.
- Compromisos de Estado que trasciendan a los gobiernos de turno, integrando el bienestar socioemocional de forma robusta en los Planes de Mejoramiento Escolar (PME).
- Cerrar la brecha entre la teoría de la política pública y la realidad diaria que se vive en el aula.
Un imperativo ético
Transformar el clima escolar no es una simple tarea administrativa; es un imperativo ético. Necesitamos repensar nuestros planes y programas desde un bienestar sistémico. Debemos entender, de una vez por todas, que sin salud mental no hay aprendizaje profundo.
Es momento de actuar entre todos los estamentos para recuperar la escuela como el espacio de reflexión, diálogo y desarrollo que nuestros niños, niñas y jóvenes requieren.